miércoles, 1 de junio de 2016


Words in papers, words in books
Words on TV, words for crooks
Words of comfort, words of peace
Words to make the fighting cease
Words to tell you what to do
Words are working hard for you
Eat your words but don't go hungry
Words have always nearly hung me
What are words worth?

En 1981, Tina Weymouth y Chris Frantz miembros de la aclamada banda pionera de New Wave, Talking Heads fundaron el proyecto alterno Tom Tom Club y lanzaron su álbum debut homónimo que contenía este sencillo, “Wordy Rappinghood”. [1] En él, se cuestionaron la naturaleza y multiplicidad de las palabras, llegando a preguntar “¿cuánto valen las palabras?”

Y esa es una muy buena pregunta.

El lenguaje es la manera en la que nos damos a conocer con el mundo. Ya sea verbal, no verbal, oral o escrita, la comunicación se basa profundamente en las palabras y en el contenido semántico y pragmático que les atribuímos, el uso que le damos.

Hoy, más que en cualquier otro momento en la historia de la humanidad, nos encontramos en una etapa de “hiperconectividad”. Cerca del 46% de la población mundial tiene acceso a una conexión de Internet hoy, lo que se traduce en 3,381,738,600 personas conectadas. [2] Es inegable el triunfo que el avance tecnológico significa para la sociedad: el internet, los dispositivos móviles y las nuevas tecnologías acercan a personas de todas partes del mundo en una red abierta y plural donde la libertad de expresión y el intercambio de ideas, pensamientos y sentimientos son parte esencial de nuestro estilo de vida postmoderno.

Sin embargo, en su libro “Los Guardianes de la Libertad” Noam Chomsky argumenta que pese a esta democratización, los medios corporativos están estructuralmente ligados a " fabricar consentimiento" de los intereses de los grupos dominantes, la élite en la sociedad . Con filtros que determinan lo que llega a convertirse en "noticia" - incluida la publicidad, Chomsky sostiene que la propaganda es capaz de penetrar en los medios de comunicación "libres" en medio de una sociedad occidental ostensiblemente democrática a través de la auto-censura. [3]

De igual manera, este modelo se beneficia de la falta de rigor que los usuarios suministran a la comunicación. En el océano de información que muchas veces representan las redes sociales, distinguir entre hechos y opiniones puede ser crucial. Es justo ahí donde podemos actuar.

Platón distinguía entre la opinión o creencia común (doxa) y el conocimiento (episteme). A diferencia de "2 + 2 = 4" que se basa en el razonamiento lógico-matemático, una opinión conlleva un grado de subjetividad e incertidumbre. La opinión oscila entre gustos y preferencias, a través de puntos de vista sobre cuestiones que conciernen a la sociedad y que tienen el poder de distorsionar o cambiar la manera de pensar de la mayoría de las personas. [4]

Resulta inevitable revisitar la expresión “todos tienen derecho a una opinión”. Filosóficamente se trata de una falacia lógica ya que resulta irrelevante si uno posee o no una autorización. Desde un punto de vista retórico, la existencia de tal derecho falla en demostrar una justificación para una opinión. Este argumento resulta inválido ya que frecuentemente se usa como recurso para escapar el debate y no defender una postura.

Harlan Ellison, escritor estadounidense acuñó una polémica respuesta: “No, no tienes derecho a una opinión; tienes derecho a una opinión informada.” [5] En otras palabras, tienes derecho a aquello que puedes argumentar.

Recordemos que toda libertad conlleva una responsabilidad. Así que en vez de pensar en libertad de expresión, pensemos en libertad de pensamiento. Y seamos responsables de pensar críticamente. El impacto de lo que leemos, escribimos y compartimos es mucho más grande de lo que pensamos. Una noticia mal contada, una idea mal justificada o una postura erróneamente argumentada puede generar un efecto bola de nieve en la gente que nos lee, fomentando la desinformación, la ignorancia y el nulo debate informativo. Y pasamos de actores comunicativos a meros consumidores pasivos a manos de los intereses corporativos. Así que la próxima vez que Tom Tom Club pregunte “¿cuánto valen tus palabras?”, deténte por un segundo, respira y piénsalo dos veces. Y dínos porqué tu opinión es valiosa.

Referencias:
[1] Tom Tom Club – Wordy Rappinghood. https://www.youtube.com/watch?v=6Vl1m5FYlAo
[2] Internet users in the world. http://www.internetlivestats.com/internet-users/
[3] Noam Chomsky interview with Seung-yoon Lee. https://chomsky.info/20150414/
[4] José Vives. Episteme y Dox en la Ética Platónica.
www.raco.cat/index.php/Convivium/article/download/76216/98994 
[5] Harlan Ellison. http://harlanellison.com/buzz/bws006.html

Otra Bibliografía consultada:
Patrick Stokes. No You're Not Entitled To An Opinion. http://theconversation.com/no-youre-not-entitled-to-your-opinion-9978