jueves, 4 de agosto de 2011

¿Cuántas veces no hemos oído esta expresión, como si se tratara del adjetivo predilecto de las audiencias esnob para intentar designar una especie de cine más elevado, más profundo, más intelectual? Entre tantas etiquetas que se le ha dado al séptimo arte por críticos e iniciados en las artes cinematográficas (cine de arte, cine independiente, cine de autor) resulta, sin duda, confuso entender realmente lo que significa y cuáles son los parámetros que se utilizan para decidir si una cinta pertenece o no a este mentado rubro.

Cine de culto es un término engañoso. Existen numerosas definiciones dentro la industria sobre lo que representa el cine de culto. Sin embargo, está comúnmente aceptado entre cineastas y críticos por igual que una película de culto refiere a aquella que ha adquirido un seguimiento sumamente devoto dentro de grupos muy pequeños y específicos de aficionados, quizá inmerecido por la calidad, recaudación en taquilla o críticas profesionales que la cinta englobe.

¿Qué hace que una película sea de culto?
Según www.filmsite.org las películas de culto "poseen un atractivo muy limitado pero a la vez muy especial. Son usualmente filmes extraños, peculiares, excéntricos, raros o surrealistas, con personajes o tramas extravagantes, locas, únicas o hasta caricaturescas, así como también escenarios y locaciones estridentes. A menudo se consideran polémicas porque se salen de la narrativa tradicional y de las convenciones técnicas. Pueden ser muy estilizadas y frecuentemente defectuosas o inusuales en alguna manera llamativa." 

En resumen, las películas de culto son aquellas que atraen a un grupo de seguidores leales pese a haber fracasado comercial o críticamente en su estreno inicial. Estas cintas usualmente se distinguen del cine comercial por su continuada popularidad, ya sea a través de ventas en DVD, rentas o descargas por internet, debido a que encuentran la forma de permanecer vigentes frente a otras películas más comerciales.

Orígenes
El término nace a finales de los 50 en el auge de las películas de serie B que predominaban dentro de dos géneros que hasta la fecha siguen siendo los más propensos a convertirse en material de culto: Ciencia Ficción y Horror.

Edward D. Wood, Jr, considerado por muchos "el peor director de la historia" fue quizá uno de los mayores precursores del término al otorgar el filme de bajo presupuesto Plan 9 From Outer Space (1959) y ser polarizado por las críticas debido a su enorme cantidad de fallas técnicas, tales como errores de continuidad y efectos especiales deplorables y lo absurdo de la trama y diálogos. Sin embargo, algunos teóricos tomaron una postura más ligera y argumentaron que se trataba de un clásico de culto por "ser tan-mala-que-era-buena".

George Romero tuvo un caso similar años después con Night of the Living Dead (1968), la cual pese a tener ganancias moderadas en taquilla fue criticada severamente en su tiempo. Sin embargo, la sociedad norteamericana de finales de los sesenta la encontró tan subversiva que la adoptó como parte de su cultura, permeando y definiendo el arquetipo moderno de los zombies, influyendo innumerables películas futuras.

Durante la década siguiente, películas como El Topo (1970) de Alejandro Jodorowsky, Harold and Maude (1971) de Hal Ashby y Pink Flamingos (1972) de John Waters iniciaron el movimiento del cine de medianoche, proyecciones nocturnas que los cinemas aprovechaban para estrenar y exhibir aquellos filmes demasiado controversiales para proyectar durante el día. Este movimiento no sólo incentivaría el cine independiente, sino también el cine de explotación y la subsecuente lenta aceptación y demanda de sexo y pornografía por parte de la industria fílmica.

The Rocky Horror Picture Show (1975) satirizó los estándares de las películas de ciencia ficción y horror, e incluyó elementos de transvestismo, homosexualidad e incesto, todo dentro del contexto de un musical. Al momento de su estreno la película recibió poca atención por parte de los críticos,así como también una corta distribución en los cines comerciales y, sin embargo, construyó una base de fans que repetidamente se presentaban a las proyecciones nocturnas, disfrazados de los personajes y "participaban" en la película haciendo cosas como aventar arroz durante la escena de la boda.

Son acciones como estas los que distinguen a los aficionados del cine de culto de los que se inclinan por el cine comercial, argumenta Xavier Mendik, director del Archivo de Cine de Culto de la Universidad de Brunel. "Los adeptos al cine de culto son activos, a diferencia de los espectadores pasivos del cine hollywoodense. Un grupo de aficionados elegirá partes increíblemente diversas de una película para que satisfaga sus necesidades".


Cine de culto en la actualidad
Con la popularización de las películas VHS y la expansión de las posibilidades de ver películas a través de la televisión por cable, nuevas películas de culto surgieron ante la muerte de los cines y teatros independientes.

Ya sea consciente o inconscientemente, algunos de los directores más aclamados de la época moderna del cine crearon piezas indiscutibles del cine de culto. Stanley Kubrick tuvo dos en su filmografía: Dr. Strangelove Or: How I Stopped Worrying And Love the Bomb (1964) y A Clockwork Orange (1971). La primera, debido a su brillante sátira política sobre la Guerra Fría y la segunda debido a la calificación que recibió (X, apto únicamente para mayores de 21 años) debido a la violencia y temas morales que proyectaba, lo que causó que el mismo Kubrick eventualmente retirara el filme de exhibición debido a las constantes amenazas y quejas que generó en la sociedad británica.

The Evil Dead (1981) de Sam Raimi siguió la tradición de los pasados filmes de horror y engendraría dos secuelas debido a la enorme aceptación por parte de la audiencia. Blade Runner (1982) de Ridley Scott, sobrevivió el fracaso económico para posicionarse como un clásico de la ciencia-ficción y una de las mejores películas de todos los tiempos. De igual manera, David Lynch superó las pérdidas que Dune (1984) le ocasionaría a Universal Studios para, con el paso del tiempo revitalizarse con los lanzamientos en video, misma suerte que corrió su debut Eraserhead (1977), y la mayoría de su trabajo posterior.

En la actualidad, directores como Jim Jarmusch, Kevin Smith, Todd Solondz, Quentin Tarantino, Wes Anderson, David Fincher y Darren Aronofsky podrían ser considerados como directores de culto modernos, especialmente sus primeros trabajos. De igual manera películas como The Warriors (1979), Brazil (1985), Repo Man (1984), Pee Wee's Big Adventure (1985), Dazed and Confused (1993), Trainspotting (1994), The Big Lebowski (1997), Fight Club (1999), Donnie Darko (2002), Napoleon Dynamite (2004), Scott Pilgrim vs. The World (2010), Drive (2011) podrían ayudar a dar una idea un poco más clara de lo que significa el cine de culto, ese siempre escurridizo término que, sin embargo, ofrece una alternativa a la manera convencional de ver a ésta disciplina artística.