jueves 8 de marzo de 2012

“A los pueblos indígenas se les trata como menores de edad”: Mardonio Carballo

Por: Miguel Angel Bonilla

Me parece que un acto de voluntad política real puede llegar a ser algo que ayude a los pueblos indígenas de México. Siempre se dan paliativos para los pueblos indígenas, nunca se construye a partir de su visión de mundo; nunca se construye en relación a lo que podrían a portar los pueblos indígenas al Estado. Se trata generalmente a los pueblos indígenas como menores de edad, cuando han demostrado que son muy capaces de sobrevivir incluso al acoso de la sociedad”, aseguró el periodista, actor y escritor Mardonio Carballo sobre la relación que ha tenido el Estado mexicano con los pueblos indígenas.

Ante esta sensación de abandono que presentan los pueblos y comunidades indígenas por parte del gobierno, el también ganador del premio nacional de periodismo por el Club de periodistas en 2009 considera que “los pueblos indígenas también lo han entendido tal cual y empiezan a gestionar su manera de ser, de convivir, y de alguna manera estamos viendo el surgimiento de muchos movimientos indígenas; el más notorio en la historia reciente mexicana podría ser el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional el primero de enero de 1994”.

Para él, el Estado mexicano se ha conducido hacia los indígenas con “letra muerta” en las políticas sociales, donde incluso se les “violenta” al entregarles dinero, “cuando el dinero tiene que ver con otro tipo de culturas que necesariamente los pueblos indígenas han tenido que adoptar, pero que no necesariamente coinciden con sus modos de vida” a través de programas como Oportunidades, Progresa o Solidaridad ya que “de alguna manera termina siendo un atentado contra los pueblos indígenas en tanto no haya una planeación que tome en cuenta sus diferentes maneras de entender, de concebir el mundo en sus distintos rubros de la vida de cada pueblo: político, religioso, económico y cosmogónico”. A final de cuentas, terminan siendo sólo paliativos para los grandes problemas que arrastran los indígenas desde hace cientos de años.

Ante esto, Mardonio considera que los pueblos indígenas tienen que organizarse y “ser exigentes con el Estado mexicano”, además de que “tendrían que negociar con el Estado” e incluso crear organizaciones que vayan en contra de este: “de un Estado que no los toma en cuenta; un Estado que no los comprende; un Estado que no está dispuesto, porque aquí el asunto grave de la situación de los pueblos indígenas tiene que ver con que no existe una verdadera voluntad política para ello.” Y abunda: “al final de cuentas tenemos una clase política mezquina, que no piensa realmente y hasta cierto punto desprecia a los pueblos indígenas de nuestro país, porque sino uno no se explicaría el por qué a pesar de causar luchas reivindicatorias de movimientos reivindicatorios de los pueblos indígenas de México se sigue siempre pergeñando en contra de estos pueblos.”

De su memoria brotan hechos que refuerzan lo anteriormente dicho, como cuando el PRD (partido de la revolución democrática), supuestamente el partido político más cercano a los pueblos indígenas, permitió que fueran “mutilados” los acuerdos de San Andrés so pretexto de “no haber leído” las reformas correspondientes y de esa manera dejarlas pasar. “No hay una verdadera voluntad política para que los pueblos indígenas puedan tener acceso a la construcción de una vida mejor, y no me refiero mejor en cuanto a lo económico, sino dejando que los pueblos decidan qué necesitan para hacer con sus pueblos un proceso de crecimiento“, afirma.

“Los pueblos indígenas tienen todo el derecho de exigir las medidas que más les plazcan al Estado ante el olvido al que han sido sometidos desde el México antiguo”, ya que todo esto viene desde el encuentro o “desencuentro” de los dos mundos, “incluso, de los movimientos sociales que se aprovecharon de los pueblos indígenas, que los dejaron al margen de aquellos productos de la independencia o de la revolución.”

“con los pueblos muertos no hay derechos que asumir ni vergüenza que asumir”

Sobre la figura del indígena dentro de la sociedad mexicana, llena de contrastes que van del orgullo a la discriminación, el autor de “Las plumas de la serpiente” comenta: “nos podemos asumir que somos un pueblo indígena en tanto sean indios muertos; en tanto sean vivos hay derechos que asumir, hay responsabilidades que asumir”.

Para él, la sociedad mexicana en su conjunto debe de hacer uso de su memoria, reconocer los agravios y perdonar. “Como en Alemania y España. Pueblos que de alguna manera han reconocido el error garrafal de la persecución, del olvido y de la devastación de pueblos enteros. Si no sucede eso en México, no va a haber posibilidad de perdón” y por lo tanto, nada va a cambiar en el país.

Sin embargo, ese ambiente de cambio y perdón con los pueblos indígenas no será a corto plazo ni será “tersamente”. Aunque hay que reconocer la sensibilización que provocó en algunos sectores de la sociedad el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y que hoy en día sus contribuciones son palpables, como el hecho de que en este momento hay indígenas que escriben libros en lenguas indígenas y que hacen videos donde denuncian lo que sucede en sus comunidades. “Hacemos radio diciendo lo que sucede en nuestros entornos más cercanos, dignificando nuestra lengua, dignificando nuestra cultura y sobre todo, haciéndonos responsables también del legado milenario que tenemos para aportar, para construir.”

Por último llama a no caer en la desesperación: “¿Hace cuánto que los indios de Chiapas pueden caminar por las banquetas? ¿Hace cuánto México reconoció su rostro plural y diverso? El instituto nacional de lenguas indígenas tiene 10 años a lo mucho. Imagínate el tamaño del agravio del que estamos hablando, pero también del tamaño de la resistencia (500 años) y la fortaleza de los pueblos que pese a todo han logrado llegar al 6 de marzo de 2012 hablando sesenta y tantas lenguas indígenas con trescientas variantes dialectales.Yo digo que ahí hay algo que aprender.”

miércoles 29 de febrero de 2012

Cómo hacer un cortometraje



Cómo hacer un cortometraje (2012) es un cortometraje mexicano, realizado por estudiantes de Comunicación la Facultad de Estudios Superiores Acatlán de la Universidad Nacional Autónoma de México. La historia sigue a tres amigos que sufren de un bloqueo creativo al intentar escribir el mejor guión de sus vidas para su clase de Taller de Lenguaje Cinematográfico.

Realizado por:
Yosihaki Cervantes
Luis Rodríguez
Alejandro 'El Fresco' Ávila
Rodrigo Chávez
Yunuet Pacheco
Daniela Manzano
Abril Montoya

miércoles 8 de febrero de 2012

En Cartelera

A Better Life (Una Vida Mejor)
Director: Chris Weitz
Escrita por: Eric Eason
Actores: Demián Bichir, José Julian, Dolores Heredia
Género: Drama
Duración: 94 min.

Carlos Galindo (Demián Bichir) es un indocumentado mexicano viviendo en Estados Unidos junto a su hijo adolescente, Luis (José Julian), buscando una vida mejor que la que su país natal le puede ofrecer. Trabaja como jardinero de las familias acomodadas en un Los Ángeles infestado de violencia, inseguridad, discriminación y falta de oportunidades.

Determinado a salir adelante de su condición social, Carlos consigue comprar una camioneta y herramientas profesionales de su amigo Blasco Martínez (Joaquín Cosío) que lo ayudarán a administrar independientemente su negocio. Sin embargo, cuando la camioneta es robada por otro necesitado migrante, padre e hijo se embarcan en una búsqueda despererada por recuperar lo que podría ser lo único que les queda de esperanza.

En el estilo similar de Ladrones de Bicicletas (1948) de Vittorio De Sica, Una Vida Mejor explora la relación padre-hijo ante las vueltas inexplicables que da el destino y cómo un padre desesperado logra conectar con su hijo en el momento más obscuro y cuando más necesidad tienen uno del otro.

Uno de los grandes aciertos de la película es que se centra en una temática sensible, polémica y urgente: la migración. Los acontencimientos que vemos en la pantalla son las historias que vemos todos los días al otro lado de la frontera. Es un auténtico retrato de la cultura chicana y la tensa realidad de drogas y pandillerismo de la que son parte, así como también de la pérdida de la identidad de quienes logran un pedazo del "sueño americano".

La música es quizá el elemento narrativo que mejor ayuda a contar la historia, pues enfatiza el ritmo de la historia y le de dota de profundidad en los momentos de mayor tensión. La fotografía y la edición son ingeniosas y sobrias. Las actuaciones tanto de Demián Bichir como de José Julian son de igual manera destacables ya que transmiten con honestidad un llamado de atención, apelando quizá al lado más humano y olvidado de la sociedad; la aceptación y la tolerancia.